Fue tu amor la llama que inundó mis ojos de magia y color, la que me hizo pedirle a Dios que se hiciera el sordo en mis peticiones de muerte. Porque yo te ame tanto, pero mucho mas me amaste tu a mi y fue la luna llena de Noviembre justo a un mes de haber cumplido los diecisiete cuando me hablabas bajito estando solos tu y yo, nunca olvidare ese momento, la inseguridad que teníamos, el susto nervioso aquel, y las respuestas que se me quedaban atrapadas en un nudo; lo mas hermoso que puedo recordar.

Después vino tu locura llena de abismos inocentes y mi odio incomprensivo y cruel.

Devastador, maldito, ignorante, naufragó mi orgullo y cayó de golpe sobre el mas inmenso y desmedido sentimiento.

Al final estamos aquí, como dos extraños jugando a ser felices, tu en tu mundo, yo en el mío y dos niños jugando entre uno y otro.

Pero aun te amo esposo mío.

Sueño que un día despiertes y me saques de este mundo y me lleves al tuyo y llorar de alegría y no de dolor. Entre tanto soy un ente vagabundo sin dueño ni alma.